Death Race, be quick or be dead
Es curioso ver como el cine y los videojuegos intercambian fluidos cada vez más a menudo. Si la joya de culto de los 70, Death Race 2000 de Paul Bartel, desembocaba casi treinta años después en un igualmente mítico juego llamado Carmageddon (que, sin estar basado estrictamente en la película, era su claro heredero espiritual); ahora su remake, Death Race, echa la vista atrás y recolecta sin pudor elementos que fueron concebidos para utilizarse en videojuegos tan sagrados como Mario Kart. Un glorioso feedback que los fans de ambos medios paladeamos con amor, gratitud y regocijo.
Y es que Death Race se apoya sobre todo en su ritmo vertiginoso, casi de videojuego, como ya ocurría con Crank, a la que muchos consideramos la versión cinematográfica extraoficial de la saga de juegos GTA. De la mano de un Paul W. S. Anderson algo menos despreciable que de costumbre (recordemos que es el director de la saga Resident Evil y el novio de Mila Jovovich, maldita sea) nos llega una película mucho más inocente que la original, sin esas dosis de sátira social e ironía malintencionada, pero también muy honesta para los tiempos que corren.

Anderson minimiza la historia de amistad entre el enmascarado Frankenstein (al que brinda un nuevo y atractivo halo de misticismo anónimo y teatral, una máscara que en realidad oculta una ristra de pilotos coaccionados hasta llegar a matarse en las carreras) y Machine Gun Joe, y potencia la típica distopía en la que los malos son los ricos y corruptos dueños de las corporaciones o, en este caso, del poder más influyente de todos: la televisión.
Mención especial para Jason Statham, el auténtico action hero de esta década y del que me declaro fan absoluto. No tiene como fuerte la interpretación, es cierto, pero lo compensa con su carisma, su desafiante forma de moverse y su facilidad para a soltar unos guantazos legendarios. Y es que, seamos sinceros, hoy en día tampoco hace falta mucho más.
Os dejo los trailers de la película original de 1975 y de este nuevo remake, tras el salto.
Death Race 2000 (Paul Bartel, 1975)
Death Race (Paul W.S. Anderson, 2008)
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