He decidido por fin dedicar un día a hablaros largo y tendido de la que es, posiblemente, mi serie favorita. Su nombre es The Office y es una adaptación de la exitosa serie británica del mismo título que salió a la luz por primera vez en 2001, transmitida por la BBC. La versión americana pues se retransmitió en la NBC americana pocos años después, en 2005.
A algunos les gusta más la versión americana, a otros la versión inglesa. Realmente el concepto es el mismo y el humor es bastante parecido, por no hablar de que tanto los personajes como las situaciones que aparecen en ambas series siguen, a menudo, un patrón bastante paralelo. De hecho los mismísimos creadores de la versión británica (Ricky Gervais y Stephen Merchant) han colaborado con la versión americana y se han animado a escribir el guión de algún que otro capítulo para su serie hermana.
Pero vayamos al grano. The Office es una divertidísima comedia que centra su argumento en las situaciones que, día tras día, viven los empleados de una empresa de Pensilvania llamada Dunder Mifflin, una empresa que distribuye y vende papel. El jefe de Dunder Mifflin (y protagonista de la serie) es Michael Scott, un jefe infantil, vago e inmaduro pero a la vez extremadamente entrañable e inocente que provoca, una vez tras otra, ciertas situaciones incómodas y ciertos malentendidos que, sin duda, son el elemento principal de atracción de la serie.